‘Sé educado con tu dinero’, el libro de educación financiera para entender por qué hay que ahorrar e invertir

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Entrevistamos a Francisco de Asís Romero Lazúen, autor de este manual del ahorro para ayudar a sortear problemas financieros y alcanzar la libertad financiera.

“Tomar conciencia para tomar acción”. Esta es la propuesta del experto en educación financiera, Francisco de Asís Romero Lanzúen, autor de Sé educado con tu dinero, que como profesional de la banca comparte sus conocimientos financieros para contribuir en la cultura del ahorro y la inversión de los ciudadanos. En su opinión, la educación puede cambiar completamente la vida. Es por ello que considera que los adultos deben tener educación financiera para que puedan transmitir a sus hijos el hábito del ahorro y la necesidad de invertirlo en activos financieros sólidos para el futuro, porque “quien tiene un plan financiero siempre ahorra para invertir”.

Pregunta: Comienza el libro sugiriendo al lector que se haga la siguiente pregunta, ¿cómo ve su situación económica en 10 años?

Respuesta: Sería muy recomendable que todos proyectáramos nuestra situación económica a distintos plazos futuros y contrastáramos esa imagen con nuestros objetivos a distintos niveles. No podemos vivir como el pavo de Acción de Gracias, preocupados sólo por la necesidad de corto plazo sin ver más allá del día de hoy. En combinación con esta idea, deberíamos convencernos de que nuestra situación financiera futura depende mucho más de nuestras propias decisiones ahora, que de la coyuntura en la que circunstancialmente nos podamos encontrar. Como propongo en el libro, se trata de tomar conciencia para tomar acción.

P: ¿Considera necesaria la asignatura de educación financiera en los colegios?

R: Creo que hay cada vez más voces abogando por ello. Pero la inversión en educación financiera tiene mucho que ver con fomentar la independencia y la libertad y esto es algo que determinadas corrientes ideológicas no ven con buenos ojos. Afortunadamente hay muchas maneras de abordar curricularmente esta asignatura y tenemos muchos ejemplos en infinidad de centros educativos en nuestro país. Desde la inclusión de juegos relacionados con la materia en los primeros cursos de educación infantil y primaria; hasta la más elaborada propuesta de introducción al emprendimiento empresarial mediante huertos, mercadillos, fiestas escolares, etc. Estas experiencias permiten la transmisión de innumerables valores educativos sobre creación de empresas, generación de productos, esquema de costes, publicidad, estrategia de ventas, asignación de recursos, y un largo etcétera de habilidades multidisciplinares con gran capacidad de enriquecer la formación de nuestros hijos preparándoles para el mundo real.

P. ¿De qué forma podemos educar a nuestros hijos en la formación financiera?

R: Esta es una pregunta muy amplia, y cada cual debe adecuar a sus circunstancias personales los valores que quiere transmitir a sus hijos. Pero a la vez, es muy fácil de responder. “Nadie da lo que no tiene”. Igual que uno no puede pretender que sus hijos lean por iniciativa propia y con gusto si todo lo que lee está en la pantalla de su teléfono móvil; tampoco podrá transmitirles el hábito del ahorro o la necesidad de la inversión en activos sólidos si esto no es algo presente en su propia vida. El ejemplo de vida es lo más eficaz en cualquier ámbito de la educación. Y en este, también.

En segundo lugar, debemos facilitar a nuestros hijos la integración de hábitos buenos en sus vidas que les lleven a desarrollar su mejor versión como personas. Tenemos que transmitir que no todo vale, que hay cosas que están bien y hay que perseguir, y cosas que están mal y hay que evitar. Creo que esto es mucho más sano y lógico que hacerles ver que todo tiene el mismo valor.

La casuística de cada cual se puede concretar de mil formas. Como incluir cuentos sobre el tema cuando son pequeños, para que se familiaricen con las ideas principales. O asignarles una paga semanal con incentivos para el ahorro y la inversión a su nivel. Que vayan así tomando sus propias decisiones y valorando el beneficio a largo plazo de diferir las recompensas inmediatas como comprar golosinas o cualquier juguete de poco valor por un capricho pasajero.

P: ¿Por qué cree que una gran mayoría de la población le otorga al dinero connotaciones negativas si, como bien dice en su libro, nos cuesta mucho esfuerzo ganarlo y es esencial para nuestra vida cotidiana?

Pues aquí habría que comentar al menos dos cosas. Por un lado, tenemos una dependencia directa del dinero para nuestra vida cotidiana. Y en general nos rebelamos ante las dependencias sobrevenidas o no elegidas libremente. Kiyosaki explica esto de modo magistral, con su metáfora de la “carrera de la rata”. Con ella, explica el mal del asalariado que adolece además de ignorancia financiera. Levantarse temprano cada mañana para dirigirse a un trabajo que no nos motiva, con el único fin de obtener un salario que nos permita ir tirando, consumiendo por encima de nuestras posibilidades, agobiados por nuestras inacabables deudas.  

En segundo lugar, somos herederos de una tradición cultural donde la riqueza es entendida como algo intrínsecamente malo y hasta un obstáculo insalvable para conseguir la felicidad. Pero es, de nuevo, la dependencia del dinero lo que se aborrece aquí. Es decir, el apego a la posesión del dinero como objetivo último de la existencia. De modo que su consecución nos separa de los demás. En el libro hablo de la distinción entre los dos tipos de ahorradores: el avaro y el que tiene un plan financiero. La diferencia fundamental entre los dos es el fin del ahorro. Para el primero, ahorrar es un fin en sí mismo: acumular riqueza por y para tener más. Para el segundo, el ahorro es un paso necesario pero inicial. Porque el ahorro es siempre para algo distinto del mero hecho de acumular capital. Quien tiene un plan financiero siempre ahorra para invertir: en su proyecto vital, en la educación de sus hijos, en una nueva iniciativa empresarial, en una labor solidaria, etc.

P: Habla del término libertad financiera como “la manera en que tu dinero trabaja por ti”. Además de fondos de inversión, capitalización de alquileres, ¿qué otras formas menos comunes puede aplicar cualquier ciudadano para conseguir ese estado?

R: En el libro hago un recorrido introductorio a las diferentes clases de activos financieros que están a la mano de cualquier inversor. Y realmente no son muchos. Habría que huir de las promesas de altas rentabilidades con productos excesivamente sofisticados u opacos.  Decantarse por una u otra clase de activo, o por combinar varias, no debería ser una cuestión de ensayo-error, sino el resultado de un plan financiero elaborado con tiempo y profundidad. No todo el mundo es cliente de fondos de inversión, por ejemplo. De la misma forma que no todo el mundo tiene el perfil de accionista a largo plazo. En este sentido, la ayuda de un profesional del asesoramiento financiero puede suponer un valor añadido que nos reporte grandes beneficios en el largo plazo.

Es sorprendente como en la mayoría de los asuntos importantes de la vida, cuando necesitamos asesoramiento, recurrimos a expertos profesionales en la materia. Entendemos la necesidad del asesoramiento legal/jurídico, laboral, médico, farmacológico, etc. Incluso en temas menos “serios”, buscamos asesores de reconocida experiencia. Cada vez hay más “personal shoppers”. Pero si se trata de cuestiones financieras, siempre hay un “cuñado” al que consultar. Jugarse el dinero por un “soplo” en una comida familiar es como hacer puenting con una cardiopatía.

P: ¿Qué requisitos debemos exigir a un asesor financiero?

En nuestro país, el asesoramiento financiero ha estado asociado históricamente a la banca privada tradicional o al sector bancario que lo incluía entre sus servicios. Por ello, o se circunscribía a grandes patrimonios o estaba encorsetado en las estructuras tradicionales de la banca comercial. Afortunadamente, la figura del asesor financiero ha cambiado a mejor desde la entrada en vigor de la directiva europea MIFID respecto de los Mercados de Instrumentos Financieros. Esta Directiva ha supuesto una mayor profesionalización del asesoramiento y una mejor protección para el inversor particular.

Desde el punto de vista del inversor, un asesor financiero debe al menos cumplir unos requisitos ineludibles en cuanto a formación, capacidad, independencia, honestidad y ética profesional certificadas por un tercero de modo objetivo, transparente y continuo. Hoy contamos con entidades que certifican estas cualidades oficialmente.

P: Con la actual crisis económica a causa del Covid-19 ¿qué consejos le puede dar a un ahorrador para obtener una rentabilidad económica? 

R: Muchos piensan que invertir es quizá el paso menos importante. Y que hacerlo mejor o peor no va a suponer realmente una diferencia significativa. Pero está demostrado que es la asignación de capital a los diferentes activos disponibles (assett allocation) lo que va a determinar el resultado final de nuestro esfuerzo. Es decir, no importa tanto cuándo entramos en el mercado o el precio de compra  de nuestras operaciones, como decidir bien dónde vamos a poner nuestro ahorro. No es lo mismo invertir en depósitos a plazo fijo, que en inmuebles, o en el mercado de valores. La diferencia es mayor cuanto mayor sea el tiempo que pensamos estar invirtiendo. Pero no todo el mundo tiene los mismos objetivos o el mismo horizonte temporal de inversión. Antes de empezar hay que tener muy claro qué queremos conseguir. Y a partir de ahí, elaborar un plan adecuando cada objetivo a su tipo de activo correspondiente.

P: Con los bajos tipos de interés, ¿qué recomendaría al ahorrador?

Debemos asumir que la rentabilidad va siempre unida al riesgo. Es decir, no podemos seguir pensando que se pueden obtener rentabilidades elevadas sin asumir un riesgo proporcional. Porque, o la rentabilidad esperada no será real o el riesgo será mayor del que pensamos. Un inversor debe conocer los riesgos asociados a los distintos productos y servicios financieros. La educación financiera cumple un papel crucial aquí. Tenemos que formarnos. Esto es, hoy por hoy, una necesidad, no una opción.

Desde el Instituto Santalucía contribuimos a fomentar esta educación financiera de los ciudadanos a partir de distintas iniciativas como guías, conferencias y libros. Precisamente, el último editado ofrece cuentos para enseñar a los hijos el hábito del ahorro y la inversión. Descárgate gratuitamente «Cuentos y juegos para entender el dinero».

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