El seguro de vida en las hipotecas

el seguro de vida en las hipotecas

Constituir un préstamo hipotecario supone, habitualmente, la mayor operación de endeudamiento que adquiere una persona en toda su vida. Te ayudamos a conocer las prestaciones que tiene el seguro de vida relacionadas con las hipotecas.

En este repaso monográfico que estamos haciendo sobre el seguro de vida, nos detenemos esta vez en las prestaciones pagadas por el seguro de vida relacionadas con las hipotecas. En uno de los artículos de este monográfico (Seguros de vida: 1.200 millones de euros en indemnizaciones en 2018) ya señalábamos que la persona que se hace un seguro de vida lo hace, normalmente, porque tiene personas que en algún grado dependen de ella y le preocupa que, en caso de fallecer, sobre todo de fallecer pronta e inesperadamente, dichas personas puedan sufrir un quebranto patrimonial por esa causa, y uno de los mayores quebrantos que se pueden padecer es la imposibilidad de hacer frente a préstamos que tengan una garantía hipotecaria.

Riesgos susceptibles de afectarte muy negativamente

En la vida diaria, riesgos hay muchos, pero todos, de alguna forma, se distribuyen en alguna combinación entre lo inesperado y lo dañino. El riesgo menos temible es aquél que es muy inesperado y, por lo tanto, su probabilidad de que ocurra es muy baja y es poco dañino. Aún así, cuando se produzca nos causará pérdidas o molestias relativamente soportables. En el otro extremo se encuentra el riesgo más temible, aquellos hechos que, cuando acontecen, son susceptibles de arruinar al afectado. Entre estos últimos se encuentran, habitualmente, los riesgos relacionados con la vida humana, y asociados  a la suscripción de préstamos con garantía hipotecaria. Los seguros de vida relacionados con hipotecas cubren fallecimientos de personas con deudas pendientes. Se trata, pues, de un tipo de percance particularmente grave que puede sufrir un particular y su familia.

Un préstamo hipotecario supone, habitualmente, la mayor operación de endeudamiento que adquiere una persona en toda su vida. Según el Informe Estamos Seguros, llevado a cabo por la Asociación Empresarial de Seguros (UNESPA), los españoles, mayoritariamente, apalancan la adquisición de su vivienda mediante un préstamo que tiene como garantía principal el propio inmueble adquirido. El préstamo hipotecario, la mayoría de las veces, es pieza fundamental de un diseño vital que abarca varias décadas y del que pueden formar parte la vida en pareja, la maternidad y la paternidad. Ese diseño vital se basa en la expectativa de que la unidad familiar va a ser capaz de generar los suficientes ingresos como para sufragar los gastos corrientes de su día a día, incluidos los ligados a la satisfacción del préstamo.

Esta apuesta vital, por lógica, se basa en la supervivencia, puesto que la mayoría de los préstamos hipotecarios se constituyen en años de juventud. Uno de los elementos subyacentes del cálculo es el hecho esperado de que las personas implicadas en la operación de endeudamiento van a sobrevivir a su préstamo: van a vivir el tiempo suficiente como para satisfacer los pagos a los que se han comprometido.

El seguro de vida vinculado a la hipoteca

Los seguros vinculados a hipotecas están ahí para solventar el quebranto patrimonial inesperado generado por un fallecimiento o una invalidez que trunque este esquema. El seguro de vida asume el desembolso, a menudo total, de las cuotas pendientes del préstamo en el caso de que la persona inicialmente responsabilizada de dicho pago fallezca o quede inválida; supone, por lo tanto, la amortización del capital pendiente. Se protege así el patrimonio de la persona y, eventualmente, de la unidad familiar, impidiendo que se vea gravemente afectada por la necesidad de hacer frente a las necesidades del préstamo. Más aún, en muchísimas ocasiones se está protegiendo la posesión de la propia vivienda, evitando con la devolución de la deuda que esta deje de ser propiedad de quienes la adquirieron mediante la constitución del préstamo.

La Asociación Empresarial de Seguros ha elaborado con información aportada por 22 entidades aseguradoras, un estudio sobre más de 3.500 fallecimientos. Los datos agrupados en este estudio sugieren que unas 6.500 familias (aseguradas y no aseguradas) se ven sometidas en un año a la situación de sufrir un fallecimiento, una enfermedad o una enfermedad grave que compromete su capacidad para el abono del préstamo hipotecario. De estas, unas 4.700 disfrutan de protección de seguro.

Asimismo, estos datos presentados vienen a apuntar a que la cantidad abonada por las aseguradoras para reequilibrar las situaciones familiares producidas por el fallecimiento prematuro e inesperado de la persona, o de una de las personas, que estaba abonando las cuotas del préstamo hipotecario, ronda los 166 millones de euros. Cada mes, pues, se resuelven situaciones comprometidas por valor de unos 14 millones de euros.

Las entidades que han remitido información, para la creación del informe sobre fallecimientos de personas que tenían contratado un seguro de vida asociado a un préstamo hipotecario acopian, aproximadamente, tres cuartas partes de este mercado.

Combinando los datos de la Encuesta de Población Activa y de la Encuesta de Presupuestos Familiares realizada por dicha entidad, se puede estimar que en España hay unos 18,6 millones de viviendas que tienen distintos estatus: viviendas en propiedad, viviendas en propiedad pero sobre las que pesa un préstamo hipotecario, y los diferentes regímenes de alquiler o cesión. De todos estos inmuebles, en el Informe Estamos Seguros se destaca que cerca de 5,2 millones estaban hipotecados. Al mismo tiempo, los datos recibidos de las entidades permiten estimar en este estudio que 3,8 millones de personas hipotecadas tenían un seguro de vida riesgo en 2017-2018. Este dato muestra la relevancia del seguro en la adquisición de vivienda.

La estimación del total de capital asegurado en las operaciones de préstamo implicadas en el aseguramiento es de unos 220.000 millones de euros; lo cual vendría a decir que la protección media se sitúa en torno a los 57.500 euros.

Estas demuestran la importancia de estas protecciones y sugieren que las probabilidades de fallecimiento en este terreno son relativamente bajas. Esto, no es de sorprender, ya que la constitución de préstamos hipotecarios para la adquisición de vivienda es una práctica fundamentalmente realizada por personas en edades medianas de la vida, pertenecientes, por lo tanto, a cohortes demográficas en las que el fallecimiento es poco probable.

Los datos que se recogen en el informe de UNESPA sugieren que las prestaciones en uno de cada 20 fallecimientos cubiertos por seguros asociados a hipotecas, están por encima de los 110.000 euros y en uno de cada 10 supera los 80.000 euros.

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