José Antonio Herce: La longevidad creciente afecta a la suficiencia y/o la sostenibilidad de las pensiones

El miembro del foro de expertos del Instituto Santalucía, destaca cómo la longevidad y el aumento de la esperanza de vida vienen demandando nuevas medidas o complementos para lograr la sostenibilidad de las pensiones del futuro.

Aprovechamos la presentación del libro Pensiones del Futuro, el primer libro colaborativo en Europa sobre el futuro y la sostenibilidad de las pensiones, para entrevistar al autor del capítulo 6, José Antonio Herce, Doctor en Economía por la UCM y miembro del Foro de Expertos del Instituto Santalucía, que a su vez ha coordinado la obra.

 P. ¿Desde cuándo existen las pensiones?

R. Como mecanismos de solidaridad entre individuos capacitados e incapacitados para trabajar, la arqueología y la antropología han revelado sistemas sociales de este tipo desde hace docenas de miles de años. Los Legionarios romanos, desde Augusto, tenían ya instituidos pagos por jubilación equivalentes a varios años de salario. En la Edad Media y hasta la Edad Moderna eran muy frecuentes los sistemas de apoyo mutuo en los gremios y cofradías. La Seguridad Social, de la que surgen todos los sistemas contemporáneos, se introdujo en la Alemania del Káiser Guillermo en el último cuarto del S. XIX. La Seguridad Social Española data de 1919.

P. ¿Por qué las pensiones son tan sensibles a la longevidad?

R. Porque, para una edad dada de jubilación (que no ha cambiado prácticamente desde que se inventó la Seguridad Social), el aumento de la esperanza de vida de los pensionistas implica un mayor gasto agregado para el sistema. La financiación de este gasto puede hacerse con cargo a capitales previamente acumulados por los propios pensionistas, y una longevidad creciente y no prevista llevaría a pensiones cada vez más bajas. Si se hace mediante cotizaciones pagadas por los trabajadores cada año, ese mayor gasto requiere más trabajadores cotizando. Por estas dos vías, la longevidad creciente afecta a la suficiencia y/o la sostenibilidad de las pensiones.

P.¿La longevidad crecerá sin límite?

R. En docenas de miles de años la esperanza de vida (al nacer) permaneció estancada algo por encima de los 30 años debido a la enorme mortandad infantil y las penosas condiciones de vida si se superaba dicha etapa. Desde mediados del S. XIX aquella inició un rápido aumento hasta situarse por encima de los 80 años en los países avanzados en la actualidad. El ritmo medio de aumento en este periodo de crecimiento ha sido de unos dos meses y medio por año. Puede ralentizarse su crecimiento o, al contrario, acelerarse. Algunos factores que determinan su crecimiento (mejoras en los sistemas sanitarios o estilos de vida) pueden agotarse, pero los expertos cuentan con que se establecerán factores nuevos con efectos similares. Las terapias genéticas ensayadas en los laboratorios están logrando revertir el envejecimiento en insectos y pequeños mamíferos. Muchos expertos opinan que lo más esperable es que la esperanza de vida siga creciendo como hasta ahora, algunos opinan que puede llegar a estancarse o, incluso, retroceder.

P.¿No bastaría con que naciesen más niños para pagar las pensiones?

R. En principio, más niños (o inmigrantes) se convertirían en más trabajadores cuyas cotizaciones permitirían hacer frente a un mayor gasto en pensiones. Pero, con el tiempo, aquellos niños dejarían de ser trabajadores para pasar a ser pensionistas y necesitarían que un número mayor de trabajadores cotizase para sus pensiones (porque vivirían más que los anteriores pensionistas), y así sucesivamente. Por ello, confiar solamente en más nacimientos para resolver el problema de las pensiones podría llegar a crear un esquema piramidal de financiación.

P. ¿Son los 65 años una divisoria natural en la vida humana?

R. En absoluto, son más bien una barrera cultural. Si alrededor del 1900 los 65 años podían considerarse una especie de “gran edad” a partir de la cual los trabajadores no podían pensar en continuar con su actividad, hoy a esta misma edad los individuos se encuentran en mucho mejores condiciones para participar en la actividad laboral en la mayoría de las ocupaciones. La edad biométrica equivalente hoy a los 65 años de 1900, según las Tablas de Mortalidad del INE, se sitúa entre los 81 y los 91 años. La Gran Edad es un concepto dinámico.

P. ¿Cómo es posible que se pida un aumento de la edad de jubilación si hay trabajos que a ciertas edades no pueden hacerse?

R. En efecto, en todos los países la Seguridad Social admite la jubilación a edades sensiblemente inferiores a la edad legal de referencia para trabajadores en ocupaciones especialmente exigentes en el plano físico (mineros, marinos). Pero, por un lado, este tipo de trabajos son ya cada vez menos frecuentes y estos trabajadores estarían en todo caso exonerados de jubilarse más tardíamente. También se pueden crear programas que permitan a estos trabajadores abandonar a una edad más temprana todavía estos trabajos para reciclarse en trabajos menos onerosos que les permitan continuar con la actividad laboral en buenas condiciones físicas.

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